Categoria: Miscelanea

Hermes evoca la mitología, pero también la filosofía, la religión, el esoterismo, la literatura y el arte. Su imagen no es sólo la del mensajero alado de los dioses del Olimpo homérico, sino también la de la deidad de la Sabiduría, que ejerce como mediador entre los hombres y la esfera sobrenatural, asumiendo distintas funciones: padre de la alquimia y patrón de los intérpretes de los textos sagrados, pero también de los ladrones, los tramposos y los comerciantes.

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Historia

Por otro lado, aparece como poseedor de una ciencia secreta y «psicopompo» que guía las almas de los difuntos. Por lo tanto, es un personaje complejo y ambiguo: una figura mítica extraordinaria, a la que se atribuye la autoría de obras literarias y filosóficas. La evolución de la figura de Hermes-Mercurio responde al pensamiento filosófico antiguo, siempre atento a las correspondencias entre los distintos planos o niveles de realidad. Por ejemplo, no es casual que le veamos como el protector de los viajeros, ya que él mismo es «el eterno vagabundo», como lo define el estudioso Karol Kerényi. Y esta versatilidad y movilidad están relacionadas con la fugacidad de su correspondencia astral. Como cuerpo celeste, Mercurio es uno de los planetas más difícilmente observables. Al permanecer constantemente en las proximidades del Sol, sólo se le puede ver en el crepúsculo o con el cielo ligeramente nublado. Su naturaleza mutable se halla en la base de las características simbólicas del propio dios: ambigüedad, volubilidad, elocuencia, destreza e inestabilidad. Desde Virgilio a Bocaccio, lo vemos como el «Señor de los vientos». Botticelli lo representó dirigiendo a las nubes en su obra maestra La primavera, pero también como el guía de las Gracias, evocando un complejo conjunto de significados herméticos. Según la historiadora y prestigiosa especialista en hermetismo Frances A. Yates, La primavera es un auténtico talismán, «una imagen del mundo elaborada para transmitir, a quien la contempla, influjos saludables, vivificantes y antisaturnianos. Es la traducción o equivalente visual, en el Renacimiento europeo, de la magia natural de Ficino». Los múltiples y cambiantes aspectos de Hermes encuentran un denominador común en dos características fundamentales: la primera es su función de guía y la segunda se refiere al dominio del lenguaje y de la interpretación, relacionada no sólo con la hermenéutica (el arte de descifrar textos), sino también con la habilidad para el engaño. Por eso, Platón afirma en Cratilo: «El nombre de Hermes se asocia con la palabra, con el discurso; él es intérprete y mensajero, aquel que roba con destreza, que engaña con discursos, que negocia en los mercados; en resumen, el maestro de todas las actividades basadas en la palabra». De la leyenda a la historia: El mito ha destacado el rostro lunar de Hermes, conectado con el lado crepuscular del planeta Mercurio. Bajo este aspecto es «el hijo de la oscuridad», que se opone al Prometeo solar. Si Hermes representa a la Sofía gnóstica (sabiduría), Prometeo simboliza la tecne (técnica). Pero estos opuestos se complementan. Prometeo enseña al hombre el uso del fuego, o la capacidad metalúrgica de modificar la materia (el lado práctico de la alquimia y la función del hombre como Homo faber), mientras que Hermes le desvela el mundo oculto y espiritual que trasciende al material, a través de la dimensión mística de la misma alquimia. En la mitología griega, aparece como hijo de Zeus y Maya, la más joven de las Pléyades. Los relatos sobre su infancia describen cómo logró engañar y robar una manada de bueyes a Apolo, cómo inventó la lira valiéndose de un caparazón de tortuga y también cómo, obtenido el perdón de Apolo a cambio de dicho instrumento musical, aprendió de éste el arte de la adivinación, convirtiéndose así en el mensajero de Zeus. En el resto de las leyendas aparece como heraldo de los dioses, ejecutor de la voluntad divina o protector de los héroes. El nombre de Hermes fue asignado por los griegos al egipcio Thot, el divino escriba de los dioses, mago y depositario de la sabiduría arcana, que ayudó a Isis a resucitar a Osiris. Y la fusión de Hermes con Thot dio a luz la figura de Hermes Trimegisto, el «Tres veces grande» de los latinos, que lo asimilaron también al Mercurio romano. En su De natura deorum (Sobre la naturaleza de los dioses), Cicerón sostiene que existieron cinco Mercurios y que el último de ellos, desterrado al país del Nilo después de haber matado a Argos, «dio a los egipcios leyes y letras» y tomó el nombre de Thot. La asimilación de éste con Hermes se hace oficial en el siglo III a.C. y es confirmada por un decreto de los sacerdotes en el año 196 a.C. Después de este decreto, los autores judíos identificaron a Thot-Hermes con Moisés, dando lugar a una tradición que se mantendría viva en Europa hasta el Renacimiento. Thot-Hermes habría enseñado a los egipcios «a navegar, a levantar piedras con grúas, a fabricar armas, bombas de desagüe y máquinas de guerra». A esta lista hay que añadir la enseñanza de la filosofía y de la astronomía. Ecateo de Abdera lo calificó de «secretario de Osiris» y le atribuyó la invención de la escritura, la astronomía, la música, la lira de tres cuerdas y el arte de la interpretación. A su vez, la identificación-fusión de Hermes con Thot, y la consiguiente atribución a Hermes Trimegisto de una vasta literatura de astrología, ciencias ocultas y filosofía gnóstica se remonta a Evemero (siglo III a. C.), para quien los personajes mitológicos habían sido seres humanos divinizados después de su muerte por la grandeza de sus actos heroicos. Así nació la creencia de que Hermes era un personaje histórico real, acreditada y reforzada por el cristianismo, que lo consideró un profeta, un ángel o un demonio, según las distintas corrientes. Bajo dicha influencia se le atribuyeron libros en lengua griega, que serían reagrupados bajo el nombre de Corpus Hermeticum y pondrían los cimientos de la tradición denominada «hermética».
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