El despertador de la habitación de Cristally daba las 10 de la noche. La intranquilidad que había tenido durante las dos horas pasadas, se acentuaba por momento, tumbada en la cama, giraba una y otra vez un pequeño trozo de papel con sus pequeñas y delicadas manos con las uñas pintadas de color azul cian para la ocasión. Sus dientes blanco perla mordían suavemente sus labios pequeños y rosados, demostrando su nerviosismo y preocupación, hacía ya unos minutos que había acabado de prepararse para aquel ritual, sin embargo seguía enclaustrada en su pequeño cuarto, intentando demorar lo más posible el inicio con la esperanza de que volviera Aster. No era la primera vez que la valiente bruja se retrasaba buscando algún alma, pero ahora mirando la foto que colgaba de la pared, se encontraba Aster, sauce y ella misma mirando al infinito cómo si nada pudiera con ellas, y en aquella época estaba convencida que aquello era así, pero desde aquel momento inmortalizado para siempre en aquel viejo marco habían pasado muchos años, y los vampiros habían ido adquirido demasiada fuerza, en aquella foto nada tenia que ver con la apariencia física que tenía a la vista humana, el alma de éstas se reflejaban en las fotos mostrando su verdadera edad, por ello, Cristally miraba una y otra vez aquellas fotos para contrarrestar la apariencia que mostraba su amiga Aster. Está a pesar de haber entrado hacía ya muchos años en su edad adulta cómo bruja, seguía teniendo la apariencia de una niña de unos quince años, con su pelo negro fuerte y brillante ondulado cayendo por su espalda por debajo de los hombros de esta, su altura que no superaba el metro cincuenta, para los humanos su físico era clasificado cómo guapa, con una figura delgada, piernas contorneadas y solía vestir con elegancia, su cara redondeada acabando en una graciosa barbilla que se complementaba perfectamente con su nariz achatada, su piel era blanquecina tirando a un rosado vivo lleno de resplandor, suave y tersa que brillaba a la luz de la luna de una forma especia, al menos esa era la sensación que tenía Cristally, sus ojos de color miel llenos de ingenuidad, eran el complemento perfecto a su figura, era una bruja de plena adolescencia, cómo se habían clasificado en la Lógia, por ello, quizás su apariencia externa había forjado su valentía interior, lo hacía para demostrar que su interior era una bruja de pleno derecho, y siempre estaba dispuesta a luchar contra sus enemigos, en la Lógia a pesar de su rebeldía estaría condenada a servicios internos de la misma, pero aquí representaba la libertad, la Lógia había pasado a formar parte de la negra historia que las brujas veteranas contaban a sus discípulas para atemorizarlas. Cristally en más de una ocasión tenía una lucha interior para dejar que su amiga cumpla el trabajo que ha sido asignado, guiada por su falso físico, se negaba a creerlo, a pensar como la Lógia a la que tantos años permaneció y por ello, tenía una falsa valentía depositada en Aster, pero en aquel momento tenía la sensación que algo estaba pasando, el nerviosismo era evidente y así lo notó Sauce cuando sin llamar entró en la habitación.
Que te pasa Cristally, estamos esperando para empezar el ritual de purificación.
Te has dado cuenta.. De...
No sé, los vampiros están cambiando, hemos tenidos demasiados ataques los últimos meses de vampiros de orden y todos ellos en la zona sur de la ciudad, en la zona que ha ido hoy Aster, es cómo si se estuvieran agrupando, atraídos por algo que no logro comprender, no teníamos que haberla dejado ir sola.
Seguro que está bien, no podías hacer nada Cristally, las brujas tenemos que enfrentarnos a estos peligros, tu has echo mucho por ella, lo has echo por todas, ahora que somos hermanas somos más fuertes que nunca.
Si pero podemos hacer muchas cosas más Sauce, tengo la sensación que se están uniendo y tenemos que hacer lo mismo.
Es demasiado peligroso Cristally, hay muchas brujas que se han pasado a la navegación del mar de la luna, para ellas ya no hay retorno, por no decir todas esas jóvenes brujas que ignoran el destino que les ha tocado vivir. No, no pienses eso Cristally, podemos llegar a corromper el alma de nuestros protectores, no podemos volver a reunirlas, hemos pasado muchos años así y hemos sobrevivido.
Quizás tengas razón, tenemos que empezar el ritual de purificación antes de que nuestra nueva amiga se altere, no es una persona muy paciente.
Es una bruja joven, pero seguro que llegará a cumplir bien su trabajo.
Eso espero, porque puede que la necesitemos.
Se que no te va ha parar nadie Cristally, siempre haces lo que crees mejor para nosotras, pero te pido que no sea con ella, no está preparada para la magia superior y tú lo sabes.
Las dos brujas salieron de la habitación, Sauce caminando por el largo pasillo que llevaba que terminaba en una enorme escalera de madera, pensaba en las palabras de su amiga en silencio. Sabía perfectamente a que se refería, y que su preocupación no era por el peligro que corría su amiga, si no por el supuesto misterio que había vivido dos noche antes, por ello estaba dispuesta a reunir nuevamente a las brujas a pesar del peligro que corrían, y que casi acaba con su vida degollada por su afilada daga. Empezó lentamente a bajar aquella escalera mientras que Cristally se retrasaba para coger una enorme vasija de la estantería del pasillo, lentamente bajo la escalera ante la atenta mirada de su amiga que ya se había colocado en su posición inicial para el ritual, y de la nueva bruja de la hermandad, deseosa por llevar a cabo su primer ritual de purificación.
Adulia miraba aquella chica, deslizarse lentamente por la escalera, lucia al igual que ella y su amiga el traje del ritual. Miraba casi hipnotizada aquel traje de seda blanco que se ondulaba con los movimientos de piernas de su amiga, alargado hasta cubrir los pies. Las dos chicas arrodilladas en el centro de la habitación encima de unos pequeños cojines cuando llegó su amiga se quitaron respetuosamente la capucha que cubría su cabeza. Acto seguido Cristally realizó el mismo gesto, dejando ver su pelo de color dorado con un corte por encima del hombro, que parecía hacerle juego con los remates de dos líneas de hilo oro que lucían todos los bordes de aquel vestido a un lado del atuendo, justo en el centro del corazón, dos círculo concéntricos cercaban el símbolo que desde los inicios de los tiempos había distinguido a las brujas. Aquel vestido se ceñía a su cintura por un cinturón del mismo color que contorneaban la figura de aquellas chicas, atado al lado derecho de su cadera con varios nudos que parecían formar una cadena, bajando por la pierna de las chicas acabando en unos flecos que parecía que aquel enorme cinta se deshilachaba. Cristally se acercó al lado se sus amigas arrodillándose encima de su cojín, y dejando la vasija en el centro. Las tres chicas alzaron sus dos manos entrelazándolas con sus compañeras formando un círculo alrededor de este, permaneciendo así unos segundos hasta que Cristally apartó cuidadosamente sus manos poniendo su dedo índice y corazón en el centro del símbolo de las brujas, las dos chicas siguieron los mismos movimientos. Para ella, era la forma de presentar respetos a sus dioses, un gesto precursor de cualquier ritual importante que hacían.
Por fin, Cristally sacó una parte del pergamino de cienet, el libro de pergaminos sagrado de la brujas, Sauce siempre había dicho que era cómo un único diario de cientos de brujas habían escrito sus vivencias pócimas y hechizos para vencer a los vampiros. Aquel libro, era una de las más importantes tradiciones de la Lógia de Sendel, uno de los textos sagrados que no sabía cómo había sobrevivido a la destrucción de la misma. Durante años, aparado por la seguridad y el secretismo, en un faro remoto de la isla Sin Nombrable, la bruja escribientes guías del oráculo había escrito las profecías de estas. Aquellos textos eran inculcados por las brujas master a las nuevas, iniciando su largo camina hacía los vampiros. Aquellos textos tan importantes para la Logia, habían acabado con el destino incierto en el sótano de la casa de Cristally, Sauce nunca estuvo dispuesta a saber cómo había llegado hasta allí, pero estaba convencida de que Cristally sentía algo especial ante ellos, en más de una ocasión la había visto en aquel sótano, con su blason en algo inmóvil frente a ese pergamino. En más de una ocasión pensaba que añoraba la vida en la Lógia, su principio y fin, y que a pesar de la traición sufrida por ellas, Cristally sentía que estaban mucho mejor antes de vagar sin rumbo por el mundo. Sauce siempre intuyó que aquellos pergaminos servirían para unir nuevamente a la brujas, pero ahora después de aquella conversación estaba convencida de ello.
